viernes, 6 de octubre de 2017

Home (bitter)sweet home!

Hoy me siento triste y el clima de Bogotá no contribuye a levantarme el ánimo.  La ciudad  se activa desde muy temprano en la madrugada y yo no soy una mujer de mañanas. La ciudad se duerme muy tarde, y ya tampoco soy una mujer de trasnochos, pude comprobarlo por la discoteca cercana que no me dejó dormir.

Justo hoy pienso cómo debe ser no tener un tiquete de regreso al hogar,  y no tener certeza de cuando volverás a ver a tus seres queridos. No he sido empática con tantos amigos que han estado y están en esa situación, pero me justifico porque como se diría en Venezuela, simplemente, "no me cayó la locha". Cuando todo es extraño para ti y cuando el entorno te obliga a cambiar de hábitos, hay miedo a la incertidumbre. Tienes miedo de ti, te sientes cuestionada y dudas de tu capacidad de resiliencia. Cuando los comodines se acaban y quedas solo frente al mundo, uno se hace más fuerte,  porque necesitas ser más fuerte. 

El home sweet home es un mito. El hogar se va destruyendo por el paso del tiempo y a eso le añades el comunismo. No tengo home sweet home, porque cuando regrese a Venezuela, lo que me encontraré no será lo que dejé ni lo que añoro hoy en este día de soledad bogotana. 

Home (bitter)sweet home!

miércoles, 3 de mayo de 2017

¿El Síndrome del Avestruz te salvará de la represión en Venezuela?

¿Tienes el Síndrome del Avestruz?
Yo trabajo en una organización social, y pertenezco a ese clan que la mayoría de las personas definen como unos hippies comeflor que ganan nada y trabajan por hacer un mundo mejor. Hoy fui a trabajar, lo que considero una modalidad de protesta en estos tiempos de Derechos Humanos tan vulnerados. Eran las 5:00pm y no pude salir del recinto porque policías nacionales bolivarianos reprimían a ciudadanos en las calles con bombas lacrimógenas, y supongo que otras armas más letales.

En la planta baja gritaba una de las recepcionista del edificio alegando que tenían que callar a unos jóvenes que estaban en la entrada y gritaban contra los militares. ¡Claro! Porque callándolos era la única vía para que los salvajes esbirros no nos atacaran. ¡Qué ironía! Así como caerle a golpes a una mujer víctima de violencia doméstica porque denuncia. ¡Justo hoy! 3 de mayo, día mundial de la liberta de expresión y esta mujer censuraba lo único que les quedaba a los manifestantes: sus voces.

Mientras el lugar se llenaba del humo de lacrimógenas, encaré a la mujer en cuestión. "Desde hace mucho tiempo el gobierno no tiene distinciones. La dictadura de Maduro es como el hampa, no discrimina".

La violencia no razona, no diserta, se hace incontrolable y se lleva todo por delante. ¿Crees que quedarse callado ayudará? Te invito a que reflexiones un poco más. Ese Síndrome del Avestruz, de esconder la cabeza y de ser indiferente no nos libra de la ola de violencia. Puede ser que lo pospongas un rato, pero tarde o temprano te llegará.

Es momento para que los venezolanos reivindiquemos nuestro rol como Ciudadanos, y con derechos y deberes defendamos nuestra Democracia. No es momento para continuar con la apatía y la desunión. Actuar de manera individualista sólo nos hace más vulnerables, y además se contribuye con la censura, miedo, amenazas y violencia de este (des)gobierno.

¡No seas cómplice del régimen con tu actitud! ¡Apoya a tus conciudadanos! Ellos están luchando por un país mejor para ti también. Únete al movimiento ciudadano, o por lo menos, es tiempo de no entorpecer con tu desacertada actitud la admirable labor que está llevando adelante un pueblo llamado David (que sin honda) está batallando contra un desalmado y salvaje Goliat.

Actualización de nota: Luego de escribir este post chequeo en mis redes que hoy una tanqueta de la guardia nacional atropelló a varios manifestantes, murió en protesta un adolescente de apenas 17 años y un joven tiene graves quemaduras de tercer grado, y para colmo el infame medio Últimas Noticias titula como "guarimbero se quema solo" (qué ética tan desalmada). Escribí esta nota sin saber la situación, y me siento profundamente indignada y dolida por estas pérdidas. Insisto que no podemos ser indiferentes ante la situación que vivimos. EL QUE AHORA ES INDIFERENTE, ES TAMBIÉN CÓMPLICE DE LA VIOLENCIA DEL RÉGIMEN. Pido al universo justicia y tengo certeza de que la tendremos.

viernes, 7 de abril de 2017

Policía Nacional Bolivariana: agresión y medicinas

Ayer a las 4:30pm en Chacao, justo después de que la Policía Nacional Bolivariana lanzara bombas lacrimógenas a los transeúntes y empezaran a agredir a jóvenes, por ser jóvenes, comienzo a grabar con mi celular una agresiva requisa de un chico. Le pido al joven que se identifique para prevenir ese tipo de "desaparición" estilo nunca te vuelvo a ver. De repente, aparece una mujer policía más bajita que yo y 1000 veces más agresiva (y quienes me conocen saben que no soy mansa paloma), me amenaza primero con una especie de tubo; pero no me pega. Luego me golpea con su escudo y me prohibe grabar. Interceden por mí un hombre desconocido y mi jefa. Yo sólo le pregunto a la mujer: "¿Tu mamá tiene medicinas para la tensión?". Ella queda simplemente desconcertada.
Los otros policías le piden irse, se suben a sus motos y sólo quedan los gritos de los ciudadanos: ¡Vendidos!


viernes, 6 de mayo de 2016

Reflexiones en retrospectiva

"This moment contains all moments".
"Este momento contiene todos los momentos"
C.S. Lewis
 

Mercurio retrógrado unido al capitalismo perverso de Google, queriéndome cobrar por haber excedido la cuota de almacenamiento de mi buzón de correo, me han obligado a tener que revisar mi pasado y comenzar a chequear y borrar correos electrónicos.

¡Este ejercicio ha valido la pena! Lo que he encontrado en mi buzón:
  • Muchas conversas de acuerdos para celebrar algún cumpleaños o la famosa cerveza de los viernes con los amigos, 
  • Anécdotas, conversas y chismes de amigos que ya no están cerca geográficamente. 
  • Recuerdos de una Venezuela que ya no existe. 
  • Un par de fotos de la vida universitaria, otras más de mi hermano menor que lo amo incondicionalmente, aun cuando su carácter dulce ha sido eclipsado por la adolescencia y el infortunio (pues sí, porque las dificultades que hemos tenido han sido fuertes. Pero no me voy a desviar). 
  • Un par de correos de amigos olvidados y amores que murieron. 
  • ¡Algunas canciones bajadas... ilegalmente! Lo siento Murdoch, ¡Méteme presa, diablo! 
  • Excesivamente muchos archivos de trabajo, 
  • Un incontable número de tareas de la universidad. 
  • Parrandas, golpes tocuyanos (y no tocuyanos), Premiaciones de jodedera universitaria, y manifiestos de marchas universitarias. 
  • Una conspiración contra un directivo de nuestra universidad
  • Un montón de Google Alertas de Mediación Social, Derechos Humanos, Libertad de Expresión, Marketing Digital, Social Media Managment, Emprendimiento Social  y pare usted de contar. 
  • Unas cuantas infructuosas aplicaciones a cursos, becas y pasantías. Un total fracaso. Pero ya sé que uno aprende de sus derrotas, porque lo importante es seguirle echando bolas a la vida. 
  • Cocreaciones e investigaciones con compañeros y amigos. 
  • Tesis de pregrado e interminables cambios de temas de tesis de postgrado. 
  • Trabajos hechos y sin pagar, como por ejemplo libros editados sin que me paguen (es que uno sí que es bobo). 
  • Búsquedas espirituales que van desde Hoponopono, Astrología China, Mandalas, Constelaciones Familiares.Y otras más serias como el Espiritismo y Kabbalah
  • Unas cuantas suscripciones a redes sociales que no surgieron 
  • Y otras notificaciones de redes sociales que aún viven. 
Mirar este retrovisor virtual me ha dado fuerza.
Uno ha crecido, chico, vale. Y ni nos damos cuenta.
Contrario a mi terror del transcurrir del tiempo, uno crece.
¡Menos mal!
Pensemos cuánticamente: En este preciso momento están presentes todos los momentos. 
Sigamos optimizando esta versión Beta que me han dado en esta dimensión.

miércoles, 26 de agosto de 2015

Jóvenes y salvajes, ¿cómo salvarlos de su propia violencia?

Eran las 7:00pm de una noche de agosto en una calle oscura de Bellas Artes. Llevaba unos 10 minutos esperando el taxi colectivo que suelo tomar para llegar a casa. Exactamente 7 personas estaban delante de mí en línea. ¡7 exactos! Los conté. Un niño con una madre muy joven, un par de doñas mayores chachareando, un joven alerta que miraba para todos lados. Precisamente él fue quien avisó cuando se acercaba ese ruido de las cosas al caer (así, como el libro). Una horda de cerca de 40 adolescentes (chicos y chicas) sin camisa y con las caras tapadas se acercaban al son de botellas, piedras, gritos e insultos. ¡Tan jóvenes que algunos ni pelo en el pecho tenían! Perdonen la expresión que la detesto pero unos "¡cagaleches!".

—¡Si nos miran a las caras, los vamos a robar! —, dijo uno de los más altos del grupo. 
Y como si prendiera bombillo en cabeza ajena, otro anunció la gran idea de robarnos: 
—Sí, vamos a robar a todos. Acá mismo, ¡ya! Todos me dan sus cosas. 

Acorralada entre la horda y la pared, en la fila que estaba simplemente no tenía escapatoria.

Sin pensarlo mucho  decidí cometer una locura: Me fui directo al grupo de los violentos. Como un fantasma fui fluyendo dentro de ellos, con una calma que desconozco de donde salió, caminé a través del grupo y me escabullí. Era un helado que chorreaba en el suelo, simplemente sigilosa y casi invisible. 

Al llegar a la acera opuesta miré atrás y ya no había escapatoria. Casi todos los que quedaron atrás fueron golpeados y quedaron sin pertenencias. Vi cómo a un hombre le tomaban su bolsa con  dos panes y se la tiraban al suelo.  
  
Los jóvenes siguieron su camino, siguieron a la Avenida Universidad, muy cerca de la estación del metro de Bellas Artes. A mi lado estaba una señora inmovilizada por el pánico y hablando sola diciendo: "¿Dónde está? ¿Qué se hizo?". La tomé del brazo y le dije: "Ya todo quedó atrás. Tenemos que irnos ya. Tomemos un taxi". Mientras hablaba comenzaron las detonaciones. ¿Disparos? Puede ser. Eran detonaciones, gritos, enfrentamientos. Ya habían llegado a la estación.

La fortuna nos ayudó (otra vez) y la camioneta que sirve de taxi colectivo llegó. Le hice señas para que se detuviera y no fuera a acercarse a la esquina violenta. Luego del bullicio fuimos a la parada, estaban 5 personas. Algunos nuevos y otros que ya estaban en cola. 

Una vecina, que era lo que la señora paralizada buscaba antes, estaba hiperventilando y horrorizada, pero a salvo. Se subieron 5 personas y nos fuimos, entre ellos estaba el señor sin sus panes y tampoco sin botones en su camisa.

Todos hablábamos al mismo tiempo, todos estábamos en shock. ¿Qué pasó? Apuesto a que todavía en la mente de todos nosotros sigue rondando esa pregunta.

Un joven señaló que esos chicos llevan desde la mañana protestando porque al parecer unos policías mataron a uno de su grupo. ¿Qué es esta manifestación tan desbordada de violencia? ¿Qué es este salvajismo primitivo? Casi animal.

Esta nueva generación usa la violencia como su vía de escape, como una manera de drenar su desesperanza, su desasociego, su incertidumbre. ¿Estos jóvenes piensan en un futuro? Si yo a veces me contagio de esta tristeza e impotencia que invade a Venezuela, ¿qué puedo esperar de estos jóvenes que han nacido y crecido con la agresión como estilo de vida?

Salí del taxi y le dije a todos los pasajeros: "Estamos bendecidos, no nos pasó nada",  pero confieso que me quedé con un pesar, ¿Qué pasa con ellos? ¿Qué pasa con nuestros victimarios que no son más que la consecuencia de toda esta supresión drástica en nuestra calidad de vida? ¿Acaso no son ellos el reflejo de la cólera que nos produce la escasez, la polarización, el hampa, la subida del dólar, el hambre, el no poder salir de noche, el metro retrasado, las calles inundadas de agua de lluvia, los apagones de luz?

¿Cómo cada uno de nosotros podemos SALVARLOS de su propia violencia?

domingo, 9 de noviembre de 2014

Caracas, déjate querer

"Caracas es hermosa... cuando se deja querer", dije cuando íbamos por la autopista rumbo a tomarnos un café dominical, y luego, un aventón a casa. La ciudad estaba oscura y solitaria, ya llevábamos rato apreciándolo. De repente un hueco similar al cráter que dejó el meteorito que acabó con los dinosarios hizo que se espichara el caucho frontal del piloto y nos halláramos por Bellas Artes sin saber en donde parar.

He sabido identificar con el tiempo una cualidades que me encanta poseer, en situaciones de crisis no me paralizo, contrario a ello me hace pensar 5 veces más rápido de lo normal. De inmediato pensé manejar hasta el lugar más concurrido de nuestra vía.

Llegamos a Galerías Ávila, un centro comercial cercano, y pedí ayuda en una línea de taxis. El "fiscal" de la línea de taxi (Así me decían el otro día que se le llama a los que se quedan siempre cuidando la parada) me dijo que no podía moverse a ayudarme. "No importa, no tienes que ser tú; pero dime quién es decente que pueda pedirle ayuda", le dije casi en gritos. Y para ironías, justo en frente estaba una cauchera cerrada y un solitario hombre de camisa amarilla sentado. Crucé la calle, y le pedí ayuda. Era un señor moreno, con rasgos físicos que le aseguraban tener un inca de tatara abuelo, tenía una gorra y unos lentes de montura grande, le pedí ayuda y mi aspecto completamente inofensivo con ojos de cordero llorón hizo que el señor me siguiera al carro y encontráramos a mi amigo Esteban sacando caucho y todo en cuestión.

Me fui al centro comercial a sacar las cuatro lochas que tenía en la cuenta para darle alguna recompensa metálica al solidario amigo, y a mi regreso el drama empeoraba. El desconocido se había cortado los dedos con el rin del auto. Corrí de nuevo al centro comercial, ligando que la farmacia estuviera abierta. Y agradecí intensamente que hubiera todo para desinfectar cortadas. ¡Dioxogen, gasas, pureza, curitas! (Comentario aparte, cortar una gasa es algo digno de concurso de agilidad y destreza. ¡Qué sufrimiento!). El buen samaritano sólo decía que no era grave, y que peor era en la guerra. Mientras yo trataba de actuar con tal seriedad como si fuera una enfermera en batalla, presionando la herida con la gasa para que dejara de sangrar. 

Se cambió el caucho y le dije que estaba feliz de darle lo poco que me quedaba de mi quincena. Le pregunté su nombre y respondió Ricardo. Me dijo que vivía cerca del centro comercial y esperaba que le dieran su torta de cumpleaños de la pollera nueva que está al lado de la fulana cauchera. No entendí nada de lo que decía, repetitivamente le agradecí su ayuda y le desee lo mejor.

Ricardo se ganó un metro cuadrado más en aquello que muchos llaman Cielo.
Caracas es hermosa, cuando se deja querer.
Esta vez fue arisca, nos mordió un poco, pero no nos tragó.
Igual te quiero, mi Doña Bárbara con Ávila

lunes, 3 de noviembre de 2014

Esencia

A veces, lo peor de mí se despierta. Es como si estuviera aprisionada, atascada, profundamente enterrada en lo más íntimo de mi ser. Y sale, aflora, sólo quiere hacer daño. Causar dolor. Herir. Vengarse de todo el sufrimiento que he tenido que pasar por años y años de desapego, desafecto, desamor, odio silencioso. Yo siempre temo que salga mi lado oscuro, yo misma le temo a ello. Y cuando sale me odio, me lastima. Otra parte de mí sale también afectada.

No quiero que salga, pero termino siempre dejando de luchar. En el fondo no tengo nada bueno, tal vez es eso. Una lucha por mostrar algo que no soy. Pienso que soy buena para no acabar conmigo misma, pero termino siendo alguien irreal. No me arrepiento de mis actos, ni de los buenos ni mucho menos de los malos. Sólo quiero tener valor para acabar con todo lo que sólo en mi mente fue bonito, porque el pasado devorador sólo está para recordarme que soy un ser que nunca será amado si me muestro tal cual soy.