jueves, 19 de noviembre de 2009

Muerte súbita

“Cuídate de manipulaciones”, dijo la bruja, y la chica no le prestó mucha atención. Observaba la boca de la adivinadora. Sus delgados labios que servían de antesala a una cueva misteriosa llena de caries y podredumbre.

“Cuídate de manipulaciones”, se decía ahora la chica mientras miraba una foto. La imagen estaba desgastada, raída y descolorida —así como su amor—. En la fotografía su chico danzaba alegre con esa desvergonzada del cono sur.

—¡Qué se cree esta descarada! ¡Que porque su país tiene el mayor producto interno bruto de toda la región va a venir a sandunguearse a mi chico!—comentaba para sí la chica.

No obstante, lo que más coraje le causaba era la pleitesía, el gozo y la felicidad con la que bailaba su chico. Nunca había estado así con ella. Tantas zapatillas intactas, él nunca quería bailar. Y ahí estaba, totalmente risueño con una completa extraña.

La chica decidió seguir su impulso —origen de sus más grandes felicidades y de sus peores desdichas—. Todo debía acabar esa misma noche. Un final abrupto, crudo, tajante, repentino. Muerte súbita. Desaparecer, no saber nunca más de él. En una noche, su chico ya no sería su chico. Ya no le pertenecería. Acabar con todo, destrozarlo, como si nunca hubiera existido.

“Cuídate de manipulaciones”, se decía nuevamente a sí misma. Pero ¿cuáles?

Todo dejará de existir.
No existió nunca un baile,
No existió nunca una fiesta,
No existió nunca una foto,
No existió nunca una larguirucha sureña,
Mucho menos un chico,
Mucho menos un amor,
Mucho menos un "juntos por siempre",
Nunca existió una manipulación.
Todo dejó de existir.

1 comentarios:

Ana dijo...

Estoy...confundida, es un tanto...filosófico...diría yo.

Pero me gustó.