jueves, 27 de mayo de 2010

Pendeja

Recuerdo que en cuarto grado de primaria Betty, la señora del transporte, me regañó porque insulté a una compañerita de clases diciéndole PENDEJA.

Aquel día casi se desmaya cuando escuchó de mi boca la palabra. Al principio, me sentí culpable; pero luego la comencé a usar con frecuencia (a ocultas de los mayores). Si para la doña era algo digno de vaivenes descontrolados de desaprobación, entonces para mis fieros atacantes y enemigos sería un insulto verdaderamente venenoso y corrosivo.

Con el tiempo, la palabra perdió su "misticismo diabólico" y terminó siendo una sandez.
Extraño ese poder maligno de la palabra.

Tiempos remotos de adversarios pendejos.

4 comentarios:

Ana dijo...

Jajajajajaja, es cierto Nadia, el lenguaje está tan desvirtuado que ya ni las palabras son lo que significan.

Nadia Goncalves dijo...

Quiero volver atrás,cuando palabras pendejas eran lo más ofensivo en la vida.

RF dijo...

Que genial esta entrada. Decir esa palabra es algo liberador.

Nadia Goncalves dijo...

Mi abeja reina. Te quiero en la distancia.