martes, 23 de agosto de 2011

Ana se exprime la vida

En la oficina Ana está tratando de ponerle utilidad a su vida.
Llenando el cerebro de pensamientos miserables.
Pensando que puede llegar a ser alguien sólo en horario de oficina.
Sintiéndose útil de 8am a 6pm (sin contar hora de almuerzo).
Desviviéndose por el reconocimiento.
Soñando por un gesto de cariño del jefe.
Ojeras
Cabello sucio
Oficina sin ventana
Ni una planta la acompaña
Nunca habla
Su boca está sellada
Pestilente aliento de la soledad
Ella no tiene con quién hablar
Solitaria siempre, no sólo en las tardes de lluvia.

¿Acaso la gente deja de ser gente en el trabajo?
O ¿la "no gente" se convierte en gente, en algo sólo en sus patéticas ocho horas laborales al día?
Ana no tiene descanso.
No mira pa' los lados
No juega solitario
Le exprimen todos los minutos en el trabajo.
Acaso es una manera de huir de su patética vida
¿Acaso tiene vida después de que el reloj marque la hora de salida?

lunes, 22 de agosto de 2011

30 días, 30 libros. Día 1. Uno que leyó de una sentada

Con una frase de aliento, con un "Sí se puede", decidí abordar el proyecto de recomendar 30 libros que haya leído en 30 días.

Me invitó mi amiga Naky y me animé. Me aventuré con un par de emociones encontradas: entusiasmo extremo aderezado de un poquito de cague (miedo). "¿Yo he leído más de 30 libros en mi vida?" Y comencé a enumerar los que apenas recuerdo. Al rato, aburrida por la actividad mental que implicaba, me obstiné y me dije a mí misma: "¿Qué pasa, chica? ¿Quién dijo miedo? Vamos pa' allá".

Y heme aquí escribiendo para ustedes (si es que tengo lectores, comienzo a pensar que me leen sólo mis compañeras de trabajo porque les mando los enlaces). Y como lema de Alcohólicos Anónimos comencemos el viaje "un día a la vez".

Día 1. Uno que leyó de una sentada

A todo el mundo le encanta las actividades grupales. Y es casi seguro que alguna vez en tu vida leíste un libro en voz alta con algún noviecito de bachillerato. La grama, el mantel, la cestica, el jardín, la tarde para los enamorados y el libro, la historia transcurriendo a medida de que en los labios nacen las palabras. Una historia paralela, una historia que vive nace y muere en nuestro lenguaje.

Y así como la gente inventa excusas de lecturas grupales para estar en eso, en un grupo, surgieron los clubes de lectura. Confieso que he estado en varios y con varios miembros y sólo hemos llegado a máximo 5 sesiones de discusión. Luego se disuelven, mueren, lentamente, con todos aquellos personajes que no pudieron nacer por nuestras perezas.

Así surge mi primer libro, tras la excusa de beber vino y hablar estupideces intensas formé parte de un club de lectura. ¿La primera asignación? El extranjero de Albert Camus. Y a un día de la discusión no había leído nada. Así que decidí bajar ilegalmente el libro, imprimirlo en hojas de reciclajes (yo trato de ser ecológica) y me senté a leer y a leer. Me gustó, no fue mi favorito, pero por lo menos tuve algo de qué hablar en la reunión. Algunas ideas sueltas del libro:
  • El protagonista es un desadaptado, yo siento una entrañable cercanía por los desadaptados.
  • Fue mi primer acercamiento con Camus. Súper existencialista, me gustan los existencialistas. Así que en esa también ganamos ambos.
  • El sol, el sol. Todo fue culpa del sol. Por eso leí el libro. (Comentario chistoso para los que leyeron el libro).
Datos y opiniones sobre el libro







El Extranjero (1942)
Autor: Albert Camus
Fácil de conseguir, fácil de leer, fácil de olvidar.
No es uno de mis favoritos.

Buena Frase de El Extranjero
  • El cielo estaba lleno de sol.
  • Todo esto, el sol, el olor del cuero y del estiércol del coche, el del barniz y el del incienso y la fatiga de una noche de insomnio, me turbaba la mirada y las ideas.
Recomendación de Nadia: Léete ese libro como yo, de un solo guamazo, de un sólo carajazo. Es corto y si se lee de una vez se percibe mejor la psicología del protagonista. No apto para asesinos en serie ni psicópatas sin emocionalidad.

Más información en Wikipedia.

martes, 16 de agosto de 2011

Decálogo para superar (o por lo menos sobrellevar) la ansiedad

Primero. Respire profundo. Lento y pausado. Sienta como el aire llena sus pulmones y su pulso se ralentiza. No aplique esta técnica más de tres veces seguidas, puede hiperventirlar y es lo menos que queremos en una etapa de crisis.

Segundo. Ingiera altas dosis de azúcar. Ni pensará en las calorías. Al parecer está clínicamente comprobado que tragar como un baúl sin fondo, como un cochino hambriento canaliza las energías y permite sobrellevar la etapa del pánico emocional. Ahora bien, aténgase a las consecuentas de sentirse después culpable, triste y gordo. Puede que ocasione otro ataque de ansiedad, pero por el "pecado" cometido y comience el ciclo del glotón nuevamente.

Tercero.
Tome mucha agua. Ingeste más de 8 vasos diarios. Y no es precisamente porque esto sea una manera saludable de liberar toxinas, sino más bien que mantendrá su mente distraída pendiente más de la vejiga y de cuántas veces ha ido al baño en 45 minutos en lugar del ataque en cuestión. Además, utilícelo como placebo y piense que está tomándose una sopa de ansiolítico. ¡Mmmm, ñomi psiquiátrico!

Cuarto. Aleje todo tipo de objetos hirientes con los que pueda ocasionarse heridas. Y con esto no me refiero nada más instrumentos punzo penetrantes, sino también aparatos electrónicos que extiendan e intensifiquen el sufrimiento, como escuchar boleros de despecho y dolor, rememorar comunicaciones en correos electrónicos y redes sociales, o inclusive llamar por teléfono para causar más angustia. ¡Arranque el cable de internet de su computadora! ¡Pierda la clave de sus correos! ¡Bote a la poceta la batería del celular! No caiga en la tentación.

Quinto. Agarre un tirro e' plomo y proceda a sellar todo orificio de su cara (¡Tápase esa jeta!). Ojos, oidos, ¡la nariz no! ¡Por favor! Se va a asfixiar. Pídale a un amigo que selle sus dedos, y sus brazos. Porque buscará bajo cualquier medio contactar con cualquier persona que pueda acercarlo al motivo de su ansiedad. No llame a ese diller, ¡dígale NO a esa droga!

Sexto. Reflexione. La ansiedad es una de las peores sensaciones de la vida, pues nadie lo entiende y le dicen de paso que está loco. Pero analice, puede ser peor. Puede contraer rubéola, tener una misteriosa enfermedad que le haga cagar sangre o ser primo de Wendy Zulca. ¡Qué sé yo!

Séptimo. Alterne de confidente. Turne los amigos, como si fueran prendas de vestir, para que no se les cansen ni huyan. Asimismo, puede aparentar que no está tan demente (sí, no hay manera de lucir "decente" en pleno ataque). Busque un hombro comprensivo para llorar, chillar, gritar y deprimirse. Cuando perciba el desespero del compañero en cuestión aléjese y cámbielo por el siguiente de la lista. Así busque el apoyo depor lo menos 10 amigos que entenderán el cuento parcialmente.

Octavo. Aléjese de los vicios que dañen su vida: alcohol, drogas, ver Aló Ciudadano o La Hojilla, resolver crucigramas, escuchar Paquita la del barrio, sandunguear con desconocidos en discotecas, aprender coreografías del Ballet de Venevisión, inscribirse en el club de fans de Daniel Sarcos, jugar con su colección de tazos tirados en un closet hace más de una década. Diga: "yo soy fuerte. Yo me quiero y no puedo hacerme daño".

Nueve. "Que si allí fue el rincón en dónde me agarró una nalga", "que ese fue el banquito en dónde compartieron un raspao porque andaban pelando y no pudieron comprar uno para cada uno", "que este fue el cine en dónde me metió mano", "que si esta era la camisa favorita", "que si este es su CD favorito de los éxitos del Conde del Guacharo", "que si son señales", "que el destino me habla y me dice que lo llame para arrastrarme" ¡Por favor! ¡Despierte! Deje el "choz". Si uno se pone en una moridera eterna de rememoraciones terminará más loco que John Nash (Sí, el protagonista de la película Una mente brillante. El tipo ese que era burda de inteligente, pero estaba tan fundido que se inventó en su cabecita todo un armazón conspirativo. Si vieron la película seguro que también pensaron que era cierto; pero no, el hombre era ESQUIZOFRÉNICO y usted un gran INGENUO. Deje de creer todo lo que sale en la gran pantalla hollywodense).

Diez Tome algunos libros de autoayuda, pero no creerá que los leerá (Se ha determinado científicamente que leer libros de autoayuda atrofia el cerebro). Lo que hará con esta literatura es doblarla hasta crear una especie de tubo con la que se autoflagelará. Así es, cáigase a golpes y dígase a usted mismo: "No voy a llamar, lo voy a borrar de las redes sociales, lo voy a borrar del celular, no voy a escribirle, soy feliz siendo independiente". Ya cuando su piel adquiera una tonalidad "morado nazareno" tendrá fuerza de voluntad (o por lo menos no querrá pegarse más).

Estos son mis humildes consejos para que supere estos momentos de crisis emocional. Sólo algo adicional, no se me ponga estúpido, cual propio hermano Coco, a darse baños de sándalo con jengibre y salsa de tomate. Usted lo que tiene es un despecho, así que goce su sufrimiento.

¡Viva el masoquismo!

lunes, 1 de agosto de 2011

Esforzándome para ser mejor, pero oh! Shit!

Yo confieso que soy muy controladora. Absolutamente controladora. Siempre me gusta tener el control de las circunstancias y, a decir verdad, la mayoría de las veces es exitoso, pero sumamente agotador. No terminas disfrutando nada, ni una tinita de helados Efe te la comes con genuino placer si andas en un eterno plan de "y luego vamos para tal lado, y hablo sobre esto, y no hablo sobre lo otro".

El sábado por la noche decidí hacer un experimento ¿Cuál es la manera más sencilla de perder el control de (casi) todas tus capacidades? Emborracharse. Yo confieso también, aquí entre nos, que no tomo nada. O por lo menos no me gusta tomar nada y de inmediato paro cuando estoy "descontrolándome", mareos y acciones estúpidas (Aunque las payasadas las hago sobrias, como Reverón el loco de Macuto. ¿Quieren al loco de Macuto?, tendrán al loco de Macuto. Así me comparan con él).

El plan era sencillo, queríamos cantar en un karaoke y estar lo suficientemente tomados para aun pasando pena, pudiéramos mantener la frente en alto. ¡Y cantamos! Selección propia: "Esto es lo que hay" de Amigos invisibles.

Una locura, mucha gente pa' tan poca canción. Uno, dos, tres... ¡Cuatro personas! Se cayó hasta el micrófono, no pude mostrar mis pasos de baile y canté sólo las primeras líneas porque fui la innovadora aventurera exploradora estilo Magallanes (el explorador, no el equipucho de béisbol). Cuando la ridiculez fue alcanzada con gracia, gracias a mi gracia todo el grupo se animó y me dejaron sin micrófono. La próxima canto sola, ¡caracha!

Y bum! Explotó el tequila y el descontrol vino. En retrospectiva agradezco que mis acompañantes fueron completamente protectores conmigo y que me trajeron hasta la patica de mi casa. Pero hay cosas que deseo borrar de mi mente, como que intenté tocarle el trasero a un desconocido en la caja del McDonalds (ese trasero era grandote y pesado y no se parecía a mí), volverme un desastre con las salsas de tomate, botar un refresco, mojar mis pantalones, gritar en la calle y no recuerdo más infortunados hechos.

Conclusión: Perdí el control y todavía no me gusta perderlo. Más bien olvidemos los extremos y vayamos piano a piano. Lentico. Cambiando poco a poco mi maña controladora. La botella de tequila, dejémosla para diciembre.

Y aquí con la cabeza y el mareo post borracha no es nada divertido dejar de ser controladora.

¡Prepárame un bloody Mary, chico!