martes, 16 de agosto de 2011

Decálogo para superar (o por lo menos sobrellevar) la ansiedad

Primero. Respire profundo. Lento y pausado. Sienta como el aire llena sus pulmones y su pulso se ralentiza. No aplique esta técnica más de tres veces seguidas, puede hiperventirlar y es lo menos que queremos en una etapa de crisis.

Segundo. Ingiera altas dosis de azúcar. Ni pensará en las calorías. Al parecer está clínicamente comprobado que tragar como un baúl sin fondo, como un cochino hambriento canaliza las energías y permite sobrellevar la etapa del pánico emocional. Ahora bien, aténgase a las consecuentas de sentirse después culpable, triste y gordo. Puede que ocasione otro ataque de ansiedad, pero por el "pecado" cometido y comience el ciclo del glotón nuevamente.

Tercero.
Tome mucha agua. Ingeste más de 8 vasos diarios. Y no es precisamente porque esto sea una manera saludable de liberar toxinas, sino más bien que mantendrá su mente distraída pendiente más de la vejiga y de cuántas veces ha ido al baño en 45 minutos en lugar del ataque en cuestión. Además, utilícelo como placebo y piense que está tomándose una sopa de ansiolítico. ¡Mmmm, ñomi psiquiátrico!

Cuarto. Aleje todo tipo de objetos hirientes con los que pueda ocasionarse heridas. Y con esto no me refiero nada más instrumentos punzo penetrantes, sino también aparatos electrónicos que extiendan e intensifiquen el sufrimiento, como escuchar boleros de despecho y dolor, rememorar comunicaciones en correos electrónicos y redes sociales, o inclusive llamar por teléfono para causar más angustia. ¡Arranque el cable de internet de su computadora! ¡Pierda la clave de sus correos! ¡Bote a la poceta la batería del celular! No caiga en la tentación.

Quinto. Agarre un tirro e' plomo y proceda a sellar todo orificio de su cara (¡Tápase esa jeta!). Ojos, oidos, ¡la nariz no! ¡Por favor! Se va a asfixiar. Pídale a un amigo que selle sus dedos, y sus brazos. Porque buscará bajo cualquier medio contactar con cualquier persona que pueda acercarlo al motivo de su ansiedad. No llame a ese diller, ¡dígale NO a esa droga!

Sexto. Reflexione. La ansiedad es una de las peores sensaciones de la vida, pues nadie lo entiende y le dicen de paso que está loco. Pero analice, puede ser peor. Puede contraer rubéola, tener una misteriosa enfermedad que le haga cagar sangre o ser primo de Wendy Zulca. ¡Qué sé yo!

Séptimo. Alterne de confidente. Turne los amigos, como si fueran prendas de vestir, para que no se les cansen ni huyan. Asimismo, puede aparentar que no está tan demente (sí, no hay manera de lucir "decente" en pleno ataque). Busque un hombro comprensivo para llorar, chillar, gritar y deprimirse. Cuando perciba el desespero del compañero en cuestión aléjese y cámbielo por el siguiente de la lista. Así busque el apoyo depor lo menos 10 amigos que entenderán el cuento parcialmente.

Octavo. Aléjese de los vicios que dañen su vida: alcohol, drogas, ver Aló Ciudadano o La Hojilla, resolver crucigramas, escuchar Paquita la del barrio, sandunguear con desconocidos en discotecas, aprender coreografías del Ballet de Venevisión, inscribirse en el club de fans de Daniel Sarcos, jugar con su colección de tazos tirados en un closet hace más de una década. Diga: "yo soy fuerte. Yo me quiero y no puedo hacerme daño".

Nueve. "Que si allí fue el rincón en dónde me agarró una nalga", "que ese fue el banquito en dónde compartieron un raspao porque andaban pelando y no pudieron comprar uno para cada uno", "que este fue el cine en dónde me metió mano", "que si esta era la camisa favorita", "que si este es su CD favorito de los éxitos del Conde del Guacharo", "que si son señales", "que el destino me habla y me dice que lo llame para arrastrarme" ¡Por favor! ¡Despierte! Deje el "choz". Si uno se pone en una moridera eterna de rememoraciones terminará más loco que John Nash (Sí, el protagonista de la película Una mente brillante. El tipo ese que era burda de inteligente, pero estaba tan fundido que se inventó en su cabecita todo un armazón conspirativo. Si vieron la película seguro que también pensaron que era cierto; pero no, el hombre era ESQUIZOFRÉNICO y usted un gran INGENUO. Deje de creer todo lo que sale en la gran pantalla hollywodense).

Diez Tome algunos libros de autoayuda, pero no creerá que los leerá (Se ha determinado científicamente que leer libros de autoayuda atrofia el cerebro). Lo que hará con esta literatura es doblarla hasta crear una especie de tubo con la que se autoflagelará. Así es, cáigase a golpes y dígase a usted mismo: "No voy a llamar, lo voy a borrar de las redes sociales, lo voy a borrar del celular, no voy a escribirle, soy feliz siendo independiente". Ya cuando su piel adquiera una tonalidad "morado nazareno" tendrá fuerza de voluntad (o por lo menos no querrá pegarse más).

Estos son mis humildes consejos para que supere estos momentos de crisis emocional. Sólo algo adicional, no se me ponga estúpido, cual propio hermano Coco, a darse baños de sándalo con jengibre y salsa de tomate. Usted lo que tiene es un despecho, así que goce su sufrimiento.

¡Viva el masoquismo!

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