miércoles, 19 de octubre de 2011

Lo realizable del deseo

El enamorado se debate entre llamarla, rogarle, expresarle su amor. Tomar por sorpresa al deseo encarnado en una mujer, no en cualquier mujer, sino en esa mujer, sólo ella.

Pero la dama es indiferente. Ve en él sólo un mortal más que se arrastra y se ciega en éxtasis ante tanta belleza. Una fémina tan confiada en sí misma que considera dogmas y axiomas sus pensamientos.

Su primera impresión: Un niño al que guiará por los oficios del "amor". Apología a la carne, a la sangre, a la pulsión. Es sólo un chico apuesto con el que saciará su sed de experiencias, de anécdotas, para sentirse viva. Una cabeza más en la pared de los cazados. "El joven ojos de venado", ya lo piensa y saliva. Saliva como una hiena esperando hincar el diente.

El joven, que no es indefenso, ni mucho menos estúpido, le sigue el juego. En el puñado de cartas que no necesita ver él perderá. Siempre perderá. Seguirá blofeando, fingiendo que no le interesa, simulando que tiene el control, falseando que no le importa cuando en realidad se siente ahogado por el rechazo.

Se reconforta con pensar que el pasatiempo acabará, pero la experiencia queda. Y se conforma con ello. Le basta imaginar que algún día esa belleza de ojos lejanos se fijará en él, lo tomará en cuenta, verá algo valioso en su cuerpo, mente o alma y dejará de tratarlo como un tonto. Correrán por la pradera como iguales, uno al lado del otro.

No habrá perseguido ni perseguidor, cazadora y presa.

Que siga pensando, que siga soñando. Porque quién dice que un sueño no puede ser real en otro universo.

viernes, 14 de octubre de 2011

Save Tonight

domingo, 2 de octubre de 2011

Octubre 2011

Lloré ese día porque sabía que existías y algún día te encontraría.

Nuestras vidas se unirían, eras real.

Olvido

No puedo luchar contra el tiempo y la distancia.
Conforme transcurre la noche
me convierto en un ser etéreo,
en una entelequia,
en un humo blanco,
en un espectro,
en un recuerdo,
en un olvido.
Albergaré las habitaciones oscuras del pensamiento,
y me olvidaré, inclusive, de mi propia existencia