sábado, 19 de noviembre de 2011

El sabor de volver a la infancia

Yo confieso que no tengo memoria de mis primeros años de vida. Siempre bromeo que tal vez fue tan traumática que simplemente la bloqueé como un modo de sobrevivencia psicológica. Y aunque soy una persona que exagera, diría que el comentario no es del todo falso.

Mi recuerdo más frecuente es una especie de flashback incoherente. Tenía como 7 años y estaba distraída y atontada parada en la puerta principal del único apartamento en el que he vivido. Observaba a los pacientes que mi abuela atendía (Aclaratoria: Ella es odontóloga y se le ocurrió la idea "fantabulosa" de tener su consultorio en su mismo hogar. Para todos aquellos que piensan que es genial la iniciativa, absténganse en lo absoluto. No tiene idea de cuánto sufrí al sentirme incómoda y extraña en mi propia casa. Odié siempre tener que levantarme, salir de mi cuarto y que me vieran las lagañas desconocidos en la sala de espera).

Volviendo a la anécdota, hace un mes, un amigo cercano me dijo que probara el nuevo helado de Mc Donald's llamado Sunday real, porque era como volver a la infancia. Sinceramente no le creí, pero cuando mis papilas gustativas comenzaron a actuar sentí que volvía a ser niña y disfrutaba de un helado de naranja con relleno de mantecado. Estaba en muchos lugares (en todos los lugares) en el parque, al salir del colegio, los domingos después de la iglesia, los planes vacacionales, los viajes largos de carretera...

Puede que no recuerde episodios específicos, pero sé que mi niñez sabe a CREMA REAL. Ya tengo la certeza

2 comentarios:

Juan Soto dijo...

Ojalá y me pasara lo mismo. Solo recuerdo una cachetada por interrumpir una conversación de borrachos. Sin embargo, no todo fue malo. Así como recuerdo el sabor de la sangre después de la cachetada que se marcó en mi memoria como una herradura candente sobre el ganado, también el dulzón de los higos en almíbar que preparaba mi abuela en una casa de bloques naranjas en Santa Teresa. Pero repentinamente se difumina y da paso al último recuerdo de mi abuela: la casa donde murió. Un rancho de madera con techo de zinc que transformaba en un sauna asfixiante durante las tardes. Sin matica de higos. Allí murió como una res, después de que un infarto fulminante detuvo su corazón.

Nadia Goncalves dijo...

Gracias por comentar tu infancia. Yo creo que todos tenemos nuestros momentos buenos y malos. Recuerdo también un episodio terrible en mi vida, en realidad dos, en el que tuve que escoger un conejito (pensando que me lo darían de mascota) y en realidad lo seleccioné para que lo mataran. Además de la clásica piñata de cochino. Un día en mi cumpleaños, guindaron a un cochino y lo mataron a palazos cual propia piñata. Recuerdo que en vez de caramelos y juguetes salían ríos de sangre. Vale la pena escribir un post sobre estas experiencias traumáticas, que te hacen madurar de un momento a otro. Gracias por comentar :)