lunes, 5 de diciembre de 2011

Disertaciones sobre el perdón

Todo el mundo pregona el perdón, pero ¿cuántos lo acatan? ¿Acaso es algo más que nombra la humanidad para quedar bien consigo mismo? ¿Será una manera de no sentirnos miserables y egoístas cada noche antes de quedarnos dormidos?

Las religiones, la nueva era, los psicólogos y más de un gurú, con libro de autoayuda incluido, vociferan el poder del perdón. El "perdón" como un gesto de disculpa ante el error ajeno. Un proceso de sanación y superación de hechos desafortunados y desagradables. Pero entonces cabe preguntarse ¿el perdón implica reincidencia? ¿Implica retomar la confianza?, ¿poner esa otra mejilla y esperar que te cacheteen duro?

Soy fiel defensora del perdón. Digamos que estoy del lado de "los estúpidos", los que perdonan y vuelven a dar la mano. Y creo fielmente en que el perdón sin confianza no es perdón. Si uno perdona y no vuelve a confiar entonces es simplemente una manera de quedar bien con el otro y fingir ante la sociedad entera lo "buen ciudadano" y mostrar un pseudo grado de madurez inconmensurable (soberbia en pureza extrema). Es así que el perdón implica un volver a confiar. Si no, no perdono y ya.

Pero, surge otro dilema. ¿Perdonar implica dar la otra mejilla para que te cacheteen de nuevo? El poder del "perdón" (al igual que otros asuntos sociales como el matrimonio y la virginidad) es un bien sobre estimado. No creo en dar de nuevo la mano para esperar de nuevo la mordida. Es una acción de idiotas. Es la típica actitud de una esposa humillada y agredida constantemente por el marido pero que espera que la justicia divina cumpla su cometido y haga que él cambie o por lo menos la recompense de otras maneras.

Hay muchos que aplican la técnica beisbolística del "1, 2 , 3 estás ponchao". Especies de ultimátum que se le ofrece a determinada persona: "1er error, perdonado. 2do error, perdonado. 3er error Out. estás ponchao". No soy tan pragmática como este tipo de personas, pero creo que no es del todo inválido este tipo de conductas.

Para concluir, soy de las que opina que siempre es bueno perdonar siempre y cuando quede afecto hacia la otra persona y la infracción en cuestión no afecte directamente nuestros principios morales y sistemas de valores. Para hablar en cristiano, si una persona te calumnia de “mentiroso” y para uno la honestidad es un valor preciado, no hay 3, 2, 1 que valga que haga que el perdón sea fácil de llevar y se vuelva a confiar. El perdón depende de las subjetividades del “perdonante” tanto en su sistema de creencias como en la percepción de las agresiones.

Ahora queda pensar entonces, ¿perdonas o sólo pregonas perdón?

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