sábado, 17 de marzo de 2012

Y como Cuba, ella quiere ser libre

Ella bebía su ron con coca cola, y odiaba que dijeran que su trago era un cubalibre. Sin limones Cuba no es libre. Y aprisionada, como su cóctel, se sentía frente al idiota con el que charlaba. Un científico que explicaba con parsimonia unas sandeces sobre la velocidad del relámpago y la potencia del trueno.

A ella no le importan las teorías, hipótesis y supuestos que los intelectuales usan para querer controlar al mundo. Su acción favorita es errar, equivocarse, intentarlo una y otra vez, darse golpes contra los imposibles, ir más allá de las fórmulas, las comprobaciones y los experimentos.

Le importaba muy poco que media humanidad pensara que estaba loca de remate. ¡Total!, de este mundo efímero nada queda cuando la carne se pudre y siempre es bueno ser leal a uno mismo antes de que esto ocurra. Precisamente esa es la clave, y aunque suene a cliché de programa humorístico de los noventa*, lo importante es “hacer el bien, sin mirar a quién”.

La chica distraída hace un esfuerzo por volver en sí y mantener la conversación. ¡Nefasto acompañante! ¡Tan diferentes! “Esto no va pal baile”, se dice. Medita y rememora nuestros orígenes, cuando el hombre pintaba figuras rupestres en cuevas. Muchos hablarán del progreso hoy día, con inventos y avances tecnológicos. Es cierto, ya los hombres no cazan mujeres ni comen a sus propios hijos, pero ahora jugamos a ser dioses sin un ápice de sensibilidad. Y como paradoja de la historia, la joven cenaba frente a la viva representación de lo que aborrecía, ese hombre que representa ese "progreso" que no logra terminar de entender. Creadores de bombas nucleares, armas biológicas y maquinarias de guerra.

Maldice en silencio al yerno de su hermana que la metió en semejante desastre amoroso. Pide otro ron con coca cola y se dice a sí misma que nunca jamás aceptará otra cita a ciegas. Ruega porque aparezca su media naranja, o mejor dicho, su “medio limón” que la libere, y así ella y Cuba serán libres.

*Referencia al programa Bienvenidos, comedia televisiva venezolana.

Nota de la autora: Este relato se hizo bajo el experimento del grupode Facebook Ejercicios de estilo (un no-taller literario) ‎el ejercicio Logo-Rallye, un juego literario que consiste en escribir una historia a través de unas palabras dadas en el mismo orden: trueno, errar, remate, clave, esfuerzo, rupestre, yerno.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Para el maestro del origami, Yoshizawa

Me alegra que el doodle de hoy (14 de marzo de 2012) sea en honor al aniversario del nacimiento del precursor de la papiroflexia Akira Yoshizawa.

Yo le tengo un cariño inmenso al origami (arte de hacer figuras con papel), y todo comenzó en una vacación escolar de mi pre adolescencia. En tiempos en dónde la cultura japonesa no era una moda, ni mucho menos habían prosperado los restaurantes de sushi como si fueran las hamburguesas orientales de la comida rápida en Venezuela.

Con apenas 12 años —o creo menos. Mi memoria y percepción del tiempo se llevan muy mal— tenía en mis manos un libro que me había regalado mi tío abuelo, el tío Trino. “Ori..¡¿qué!?”, me decía. Un manual inmenso con miles de figuras a realizar con papel. Monos, cisnes, sapos, búhos y pare usted de contar... El experimento fue un fracaso, sólo logré hacer un casquito y su forma no era lo suficientemente alentadora para seguir adelante con el proyecto de papel.

Agradezco a mi tío abuelo, por ser un hombre tan culto y conocer el arte que pregonó en vida este japonés maestro habilidoso con sus manos, y por ilustrarme en mi corta edad con destrezas orientales y occidentales que van desde aprender a jugar ajedrez, olvidarme de los rompecabezas tradicionales para innovar con el Tangram y practicar Sudoku antes de que se masificara en todas las secciones de misceláneos de los diarios.

Doy gracias también a Akira Yoshizawa porque, a pesar de mi torpeza manual, llenó momentos de ocio y ayudó a que cultivara mi perseverancia.

Yo solo pido que en su honor los colegiales hagan más aviones y menos taquitos con saliva; que los niños, sin importar sus niveles económicos, jueguen con barcos de papel en tobos, charcos o cualquier pozo con agua y que millones camisitas hechas con billetes aparezcan en las carteras de todos nosotros.

Gracias, Yoshizawa, por ir más allá de la liviandad y fragilidad del papel y regalar obras de arte de papiro.