domingo, 9 de noviembre de 2014

Caracas, déjate querer

"Caracas es hermosa... cuando se deja querer", dije cuando íbamos por la autopista rumbo a tomarnos un café dominical, y luego, un aventón a casa. La ciudad estaba oscura y solitaria, ya llevábamos rato apreciándolo. De repente un hueco similar al cráter que dejó el meteorito que acabó con los dinosarios hizo que se espichara el caucho frontal del piloto y nos halláramos por Bellas Artes sin saber en donde parar.

He sabido identificar con el tiempo una cualidades que me encanta poseer, en situaciones de crisis no me paralizo, contrario a ello me hace pensar 5 veces más rápido de lo normal. De inmediato pensé manejar hasta el lugar más concurrido de nuestra vía.

Llegamos a Galerías Ávila, un centro comercial cercano, y pedí ayuda en una línea de taxis. El "fiscal" de la línea de taxi (Así me decían el otro día que se le llama a los que se quedan siempre cuidando la parada) me dijo que no podía moverse a ayudarme. "No importa, no tienes que ser tú; pero dime quién es decente que pueda pedirle ayuda", le dije casi en gritos. Y para ironías, justo en frente estaba una cauchera cerrada y un solitario hombre de camisa amarilla sentado. Crucé la calle, y le pedí ayuda. Era un señor moreno, con rasgos físicos que le aseguraban tener un inca de tatara abuelo, tenía una gorra y unos lentes de montura grande, le pedí ayuda y mi aspecto completamente inofensivo con ojos de cordero llorón hizo que el señor me siguiera al carro y encontráramos a mi amigo Esteban sacando caucho y todo en cuestión.

Me fui al centro comercial a sacar las cuatro lochas que tenía en la cuenta para darle alguna recompensa metálica al solidario amigo, y a mi regreso el drama empeoraba. El desconocido se había cortado los dedos con el rin del auto. Corrí de nuevo al centro comercial, ligando que la farmacia estuviera abierta. Y agradecí intensamente que hubiera todo para desinfectar cortadas. ¡Dioxogen, gasas, pureza, curitas! (Comentario aparte, cortar una gasa es algo digno de concurso de agilidad y destreza. ¡Qué sufrimiento!). El buen samaritano sólo decía que no era grave, y que peor era en la guerra. Mientras yo trataba de actuar con tal seriedad como si fuera una enfermera en batalla, presionando la herida con la gasa para que dejara de sangrar. 

Se cambió el caucho y le dije que estaba feliz de darle lo poco que me quedaba de mi quincena. Le pregunté su nombre y respondió Ricardo. Me dijo que vivía cerca del centro comercial y esperaba que le dieran su torta de cumpleaños de la pollera nueva que está al lado de la fulana cauchera. No entendí nada de lo que decía, repetitivamente le agradecí su ayuda y le desee lo mejor.

Ricardo se ganó un metro cuadrado más en aquello que muchos llaman Cielo.
Caracas es hermosa, cuando se deja querer.
Esta vez fue arisca, nos mordió un poco, pero no nos tragó.
Igual te quiero, mi Doña Bárbara con Ávila

4 comentarios:

Savi Vila dijo...

Nadia, leo tu texto como a 4,500 millas de donde sobreviviste un día. En Caracas. Esa que dejé atrás y a lo que no extraño ni me ocupé de querer. Fuí un intra inmigrante en ella misma. Nunca me pareció familiar ni animé quererla en los términos que la describes.
A igual que tu y entra circunstancia, mas bien llegando al lugar donde pernoctaba en el Este, un recibimiento marcial - típico que no vale mencionar- por esas cosas del destino- no estuve en estado delta de alerta- y que de estarlo, hubiera seguido recto a un destino alternativo y no a ese , el cual casi fue mi final - Y el de otros 6 más- y que por una respuesta oportuna de uno de nosotros hoy puedo posar estas palabras aquí.
No por ello dejo de querer a mi concepto abstracto de Caracas: el aroma del café de mi tía y sus arepas. El jugo de naranja del pana del Parque de El Este, y el Sushi de mi restaurant favorito. Aroma, familia, amigos.

Como Yo, mi Adviser en otra geografía, me lo encontré haciendo escala en New York. Dr. V. , Jal, como le decimos, le pregunté inquieto en la actividad vibrante en la transición de la salida de La Guardia, aquel Aeropuerto donde se filmó The Terminal - ¿Regresará al País, Profesor? - No.- Me dijo en tono muy seco- Regresaré a la Geografía.

Si. Quizás, eso es lo que quede al regreso.

Nadia Goncalves dijo...

Gracias por tu comentario, Savi. Confieso que entendí poco lo que me cuentas, pero estoy de acuerdo cotingo en que siempre se puede volver a Caracas, a una Caracas propia, de olores y sabores y recuerdos menos agresivos que la realidad. Volvemos siempre a los lugares, sin estar geográficamente en ellos. saludos,

Jessika Aguiar dijo...

Buenas soy estudiante de comunicacion social de la Universidad Catolica Santa Rosa. Queria saber si me podria hacer el favor de concederme una entrevista. La cual seria por correo electronico. Gracias y disculpe el abuso.

Nadia Goncalves dijo...

Hola, Jessika. Acabo de ver tu correo algo tarde. Supongo ya no estás interesada. Avísame.