lunes, 3 de noviembre de 2014

Esencia

A veces, lo peor de mí se despierta. Es como si estuviera aprisionada, atascada, profundamente enterrada en lo más íntimo de mi ser. Y sale, aflora, sólo quiere hacer daño. Causar dolor. Herir. Vengarse de todo el sufrimiento que he tenido que pasar por años y años de desapego, desafecto, desamor, odio silencioso. Yo siempre temo que salga mi lado oscuro, yo misma le temo a ello. Y cuando sale me odio, me lastima. Otra parte de mí sale también afectada.

No quiero que salga, pero termino siempre dejando de luchar. En el fondo no tengo nada bueno, tal vez es eso. Una lucha por mostrar algo que no soy. Pienso que soy buena para no acabar conmigo misma, pero termino siendo alguien irreal. No me arrepiento de mis actos, ni de los buenos ni mucho menos de los malos. Sólo quiero tener valor para acabar con todo lo que sólo en mi mente fue bonito, porque el pasado devorador sólo está para recordarme que soy un ser que nunca será amado si me muestro tal cual soy.

2 comentarios:

Savi Vila dijo...

Nadia, eres alguien, aunque no estoy seguro si "Nadia", tu nombre es el femenino de "Nadie". Por ese bazar - del azar - llegué a tu Tweet tuyo, de allí a tu blog y me encontré con tu texto. Y como quiera que aquí cada acto es una huella de palabras, quería dejarte algo: Convierte esa actitud en una persona que no eres tu. Así que asume que "esa otra" es alguien que sale de vez en cuando y mantienes a raya. Rescato la conseja en este fragmento que un mago le escribiera a otro [ Garcia Márquez a Álvaro Mutis en ocasión de sus 70 años] para que de algo te sirva de molde y ejemplo. Cito: "...Sin embargo, la enseñanza más enigmática de aquellos viajes frenéticos fue a través de la campiña belga, enrarecida por la bruma de octubre y el olor de caca humana de los barbechos recién abonados. Álvaro había manejado durante más de tres horas, aunque nadie lo crea, en absoluto silencio. De pronto dijo: 'País de grandes ciclistas y cazadores'. Nunca nos explicó qué quiso decir, pero nos confesó que él lleva dentro un bobo gigantesco, peludo y babeante, que en sus momentos de descuido suelta frases como aquélla, aun en las visitas más propias y hasta en los palacios presidenciales, y tiene que mantenerlo a raya mientras escribe, porque se vuelve loco y se sacude y patalea por las ansias de corregirle los libros.".

Tampoco me gusta bailar pegao.

Savi Vila

Nadia Goncalves dijo...

Es rara esa cita que me diste, seguiré tu consejo. Gracias por leer, Savi.