viernes, 6 de octubre de 2017

Home (bitter)sweet home!

Hoy me siento triste y el clima de Bogotá no contribuye a levantarme el ánimo.  La ciudad  se activa desde muy temprano en la madrugada y yo no soy una mujer de mañanas. La ciudad se duerme muy tarde, y ya tampoco soy una mujer de trasnochos, pude comprobarlo por la discoteca cercana que no me dejó dormir.

Justo hoy pienso cómo debe ser no tener un tiquete de regreso al hogar,  y no tener certeza de cuando volverás a ver a tus seres queridos. No he sido empática con tantos amigos que han estado y están en esa situación, pero me justifico porque como se diría en Venezuela, simplemente, "no me cayó la locha". Cuando todo es extraño para ti y cuando el entorno te obliga a cambiar de hábitos, hay miedo a la incertidumbre. Tienes miedo de ti, te sientes cuestionada y dudas de tu capacidad de resiliencia. Cuando los comodines se acaban y quedas solo frente al mundo, uno se hace más fuerte,  porque necesitas ser más fuerte. 

El home sweet home es un mito. El hogar se va destruyendo por el paso del tiempo y a eso le añades el comunismo. No tengo home sweet home, porque cuando regrese a Venezuela, lo que me encontraré no será lo que dejé ni lo que añoro hoy en este día de soledad bogotana. 

Home (bitter)sweet home!

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